Bienes Comunes Naturales

Sursiendo hilos sueltos

Pertenecen a los bienes comunes naturales el aire y la atmósfera, el sol y el cosmos; las aguas, océanos y glaciares: la biodiversidad, los desiertos y montañas; el suelo y subsuelo; el material genético encerrado en la naturaleza y las semillas. Algunos de ellos estarán asociados a una comunidad  particular que los gestiona, otros, serán considerados comunes globales porque serán de uso directo de todos los seres humanos.

Los bienes comunes naturales no son recursos naturales, referirse a ellos así es la primera forma de apropiación, desde el lenguaje. Implica una relación normalizada de dominación del ser humano sobre la naturaleza, basada en la acumulación por desposesión.

La lucha por estos bienes comunes necesita estar ligada a comunidades bien definidas para evitar sus dos principales peligros: la “tragedia de los comunes” -sobre-explotación de los mismos- o la privatización. El abuso sobre los bienes naturales de uno u otro modo, lleva consigo una menor cantidad de vida en el futuro. “Bienes” y “comunes” forman una unión que se verá alterada si los bienes son reclamados de manera posesiva.

La propuesta de los bienes comunes no sólo tiene que enfrentarse a los peligros de la mercantilización de la vida natural por parte del capital, sino también a la propia ciencia y a la institución del Estado-Nación, cada vez más funcionales al sistema.

Frente a esta múltiple amenaza, necesitamos trabajar en una profunda descolonialización cultural que nos permita abordar las problemáticas socioambientales en todas sus dimensiones y complejidades.

Así, desde las culturas latinoamericanas, cuando se lucha en defensa del territorio se plantea la defensa de un conjunto de sistemas de objetos, espiritualidades y acciones, que forman ese espacio de un modo inseparable. Lo social y lo natural vuelven a estar unidos en esta definición. Esta forma de ver el mundo entiende la lucha por el territorio como uno y lo mismo con la lucha por la reproducción de la propia comunidad. No existe una sin la otra. El territorio físico es un territorio ideológico y espiritual de identidades de la propia comunidad. Y es, probablemente, la más radical forma de lucha contra el sistema. Interpela de raíz sus fundamentos de acumulación y dependencia, volviendo a las bases de la solidaridad, la autogestión y la convivencia.

Creemos que hablar de “bienes comunes naturales” nos devuelve su valor como lugar de convivencia y reproducción de la propia vida en la tierra, al mismo tiempo que lucha contra las diversas formas de dominación del pensamiento y la naturaleza de una manera potente y radical.

Volver al camino de los bienes comunes como paradigma del buen vivir de la humanidad, nos devuelve su valor como lugar de convivencia.

Ver y descargar tríptico sobre bienes comunes naturales

@SurSiendo

 

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