Ilustración. Con M de mujer: Día Internacional de la Defensa del Ecosistema Manglar

Retazos esporádicos

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Desde el año 2000 los manglares tienen una fecha en la que celebrarse. Desde ese año cada 26 de Julio la defensa de uno de los ecosistemas más importantes de las costas tropicales y subtropicales del mundo, alza la voz.

El manglar es un tipo de ecosistema formado por árboles mangles (nombre guaraní que significa árbol retorcido) muy tolerantes a la sal, los cuales se encuentran a menudo en las desembocaduras de los cursos de agua dulce, allí donde los ríos caen a los mares. Tienen un importante papel en la retención de nutrientes orgánicos, la preservación de la calidad del agua y la regulación del clima. Además estos ecosistemas brindan una protección natural contra huracanes o maremotos y son grandes fijadores de CO2. Estas zonas contienen una enorme biodiversidad gracias a la que es posible la presencia de un enorme número de especies de aves, peces, crustáceos y moluscos que son la fuente de subsistencia de las comunidades locales de recolectoræs y pescadoræs artesanales que allí viven ancestralmente y que por derecho allí pertenecen.

En general son las mujeres comuneras quienes pasan sus días con las manos embarradas revolviendo las entrañas del manglar para conseguir el alimento que llevarán a sus hogares. Todas ellas comparten casi siempre una misma historia: largas jornadas laborales sin descanso y magros salarios. Discriminación y desaires.

En las últimas cuatro décadas se ha perdido más del 50% de ellos debido, principalmente, a los avances de las industrias camaroneras o de langostino tropical, el turismo o la instalación de hidroeléctricas. Esta destrucción no sólo trae como consecuencia la degradación ambiental de la faja costera del planeta sino sobre todo el empobrecimiento, desplazamiento y pérdida de la calidad de vida de estas comunidades, en especial de ellas.

“La gente nos desprecia porque somos concheras, cangrejeras o pescadoras, porque no tenemos un diploma universitario ni el bachillerato siquiera, porque a algunas de nosotras se nos ha negado incluso la posibilidad de aprender a leer y escribir. Nos desprecian porque no saben que nosotras les alimentamos, que gracias a nosotras todavía existe una naturaleza que da de comer a la humanidad entera. No se dan cuenta de que no somos menos humanos que ellos, sólo diferentes e igualmente necesarias”, confiesa Jacinta Napa, recolectora de moluscos y crustáceos en la costa norte de Ecuador.

 

@SurSiendo

 

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