LFdTV: construyendo un espacio de código abierto en entornos “rurbanos”

futura oficina técnica LFdTV
futura oficina técnica LFdTV

Hace casi dos años decidimos a ponerle nombre a aquello que hacíamos en la vida cotidiana. Como no tenía uno convencionalmente creado, nos inventamos otro, y nos llamamos Sursiendo. En aquel momento el proyecto se presentaba de una forma y con un formato. Como suele suceder y sin que pasara mucho tiempo, empezamos a hacer carne aquello de estar en construcción permanente.

Con La Fábrika de Toda la Vida (LFdTV) compartimos eso. Ellos y ellas también se declaran en construcción. Y en las horas de conversación que pasamos hace unos pocos días confirmamos que compartíamos muchas cosas más: un camino de curiosidades; las ganas de hacer vinculación glocal; lo offline de todos los días y de toda la vida, con lo online de todos los días y los nuevos aprendizajes.

De esa plática y de esa manera de contarlo parece que LFdTV nace de la convicción de creer que pueden pasar cosas interesantes en todos lados. ¿Si no queremos radicar en grandes ciudades estamos condenados y condenadas al aburrimiento y la rutina? La respuesta parece ser un rotundo ¡no! Y la antigua cementera de Los Santos de Maimona, un pueblo de 9mil habitantes en Extremadura, donde el proyecto tiene su sede viva, es la prueba física de ello. La Fábrika nos dice que en estos entornos rurbanos (lugares que son ciudad pero que mantienen algo de rural) pase algo interesante hay que alborotar el avispero con acciones P2P, o sea hay que moverse, entusiasmar y entusiasmarse, contagiar, creer, proyectar y hablar con quien haya que hablar para conseguir lo que se desea conseguir… sumar sinergias, vamos!..

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limpieza de tejas de la antigua fábrica para reutilización

Así que recién salidos de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada y habitando de nuevo la región que les vio nacer, surgió la idea de recuperar el edificio de la cementera que lleva años semi abandonado y que las sucesivas administraciones han usado para hacer propuestas que en general han tenido poca durabilidad.

Embellecer un lugar viejo, pintarle las paredes, arreglar sus calles, tapar goteras, ofrecérselo luego a alguno de esos emprendimientos de innovación tan de moda en la actualidad. La gentrificación es un fenómeno que se está dando en todos los sitios, desde grandes ciudades a pequeños poblados, e implica poca participación ciudadana y mucha menor implicación.

Cuidándose de hacer críticas poco sanas, LFdTV no quiere lo mismo: su propuesta es devolverle valor al espacio, resignificarlo, apropiándose de él y abrirlo para ser usado, cuidado, cambiado y transformado por todo aquel o aquella que tenga esas premisas: apostar por lo abierto y colaborativo, tener espíritu comunal, creer en procesos conjuntos. Por eso, después del camino andado y de lo mucho que queda por hacer se han propuesto dos formas de relación con La Fábrika: una más cercana, a la que han llamado de implicación, y que se establecerá en el día a día con cada una y cada uno de quienes quieran ponerle cabeza, cuerpo y corazón a las maneras de hacer sostenible el lugar (desde recursos monetarios, hasta pintar paredes o hacer calendario de actividades); la otra es la de la participación, que se establecerá con todas las personas que quieran ocupar La Fábrika con sus propios proyectos (siempre que éstos compartan esos valores mencionado). Son dos niveles de involucrarse en el lugar, ambos necesarios y flexibles: se puede ir de un lado a otro en relación a las necesidades y tiempos disponibles, sin fricciones pero con mucho compromiso. Porque al final de cuentas lo que este tipo de proyectos necesita es eso: comprometerse.

Arribar con este tipo de propuestas tiene sus dificultades. Cualquier cosa que se salga de lo normal es mirado con desconfianza o, en el mejor de los casos, con un dejo de sueño inocente. Pero el entusiasmo y la convicción en los procesos compartidos está en el ADN de muchas y muchos de nosotros. Solo es necesario poner unos cuántos ejemplos que tengan como protagonistas a personas del pueblo para demostrar que cada una y cada uno de nosotros vive cotidianamente formando parte de un ser colectivo.

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compartiendo experiencias al solito

Quizás esa buena presentación de todo esto es lo que llevó a que hoy se involucren en La Fábrika más manos y oficios: un arquitecto y una abogada ayudan en la construcción material y legal del espacio y descargan tiempo y recursos que pueden ser gestionados en las muchas otras cosas que hay por hacer para que el lugar sea usable. Más manos ayudan en la limpieza de tejas y el rescate de materiales que servirán para la autoconstrucción del lugar. Por economía y por convicción ese es el plan. El crowdfunding y algunos antiguos ahorros harán lo que las manos implicadas no puedan resolver. Un desafío en 120 metros cuadrados que tiene dos años para hacerse realidad para sí mismos y para la administración local antes de seguir pensando en lo que viene. Cuando acaben esta primer etapa se planea seguir rehabilitando más partes de esta y otra nave.

En la animada e interesante conversación que mantenemos nos repiten una y otra vez que tanto en esto, como en otros aspectos lo necesario es ir poco a poco, teniendo en cuenta la escala humana. Para darle permanencia al proyecto creen que un buen aliado es el Estado Socio y han decidido lidiar con las burocracias locales. Hoy ya tienen su convenio firmado (el cual está disponible en formato abierto, para compartir y remezclar) y se proponen continuar con el seguimiento administrativo de forma conjunta acompañados por un grupo conformado por miembros de los tres partidos mayoritarios. Además, en espacios urbanos pequeños como Los Santos de Maimona, se puede tener acceso directamente a “autoridades decisoras” sin tantas vueltas. Eso es algo que puede aprovecharse y La Fábrika así lo ha hecho.

Para aprender un poco más sobre este tipo de espacios decidieron hacer un master en dos semanas. El año pasado juntaron citas y emprendieron viaje desde Valencia hasta Vigo, pasando por Bilbao y Madrid + otros etcéteras para conocer diferentes proyectos colaborativos que se están desarrollando en el Estado Español y de los que se han nutrido a través de las redes.

También compartimos eso: la sensación de tener cierta intimidad y complicidad con gente a la que no hemos visto en la vida y con la que sin embargo, al encontrarnos por primera vez, nos sentimos como viejos amigos y amigas.

Ya en varias ocasiones nos decidimos a ponerle cara a las personas que hacen posible proyectos con los que compartimos entusiasmo y valores. Una vez más comprobamos que para cada una y cada uno de nosotros esto que hacemos trasciende horarios. Es una forma de ver y hacer la vida. Son proyectos que llevamos impresos en el alma y en la piel y que buscan hacer visible que la realidad es lo más radical que existe.

@Sursiendo

 

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