Cruzar líneas: tecnologías, género y activismos

Tejidos hackfeministas

2014_12_GTInstitute_TTC-20Cada nuevo encuentro al que asistimos deja huellas. Conocer diferentes personas con las que pasamos horas de pláticas y construcciones. Ganas de hacer, de crear, de transformar.

El diciembre pasado nos encontró con temperaturas bajo cero en algún lugar de Alemania, en una de esas experiencias. Además el fin de cada año suele ser agitado, cerrando agendas y abriendo nuevas. Por algún motivo son épocas con una sensación de desconcierto, de “bichos en la panza” por lo que está por venir.

Esta vez, fueron de ilusión.

Hace un par de días leíamos en una nota que “la tecnología nos usa tanto como nosotros a ella”. Miramos alrededor y a veces pareciera que la tecnología nos usa más que nosotros y nosotras a ella. Cada nuevo aparatito viene más inteligente. Así necesitamos ser menos inteligentes, menos pensantes, fáciles de seducir y controlar. Y eso sin llegar a la tesis de Hawking quien “ha alertado sobre la posibilidad de que las máquinas inteligentes diseñen sus propias mejoras y superen a los humanos”.

A primera vista, se asume que si estamos interesado/as en la tecnología tienes que estar cargado con una batería de nuevos dispositivos. Pero eso no es necesariamente cierto. Muchas de las personas tecnológicas que conocemos están más interesadas en crear a partir de ella que en recibir pasivamente sus “últimas novedades”. Usan las herramientas para crear y añadir valor (hablamos de un valor simbólico, colectivo y generalmente compartido). Puede ser en código, en un vídeo, en un texto…

Ante eso la disyuntiva no tiene que ser “hacer mucho con poco” o “hacer nada con mucho”. Usar la tecnología críticamente nos pone frente a ella desde el lugar de hacernos preguntas. Querer saber de dónde viene, qué recursos utiliza (materiales e inmateriales), a quiénes está dirigido, a quiénes afecta o beneficia, si podemos modificarla y compartirla, si nos da todo resuelto o si nos insta a querer seguir investigando…

Es difícil encontrar esa unión entre tecnología y el hacer político. Cuando damos ese salto, hablar de la tecnología desde una perspectiva de género es aún más difícil de encontrar.

Así que imaginen a 80 personas en su mayoría mujeres, reunidas alrededor del camp de Tactical Tech para hacer visibles estos cruces. Las habíamos de muchos continentes y nacionalidades, las habíamos de muchas edades y creencias. Hubo muchos puntos en común sí. Y otros tantos de debates. Pero sobre todo se hicieron presentes en todo momento los procesos de formación, de creación colectiva.

Hubo historias de vida compartidas en confianza. Y muchas muchas horas de talleres, charlas, juegos, sistematización. Una estructura que nos marcaba ritmos y que a la vez nos permitía movernos libremente. Proponer nuevas acciones y cambios. Podíamos hacerlo a la medida y lo hicimos. Navegamos entre derechos humanos y digitales, entre herramientas de seguridad digital y masivas, entre técnicas de enseñanza/aprendizaje y análisis de discursos sobre vigilancia masiva. Hubo tiempo para eso y también para relajarnos, jogar y bailar.

Entonces cuando te (re)encuentras con personas que hacen uso de las tecnologías, que las quieren conocer y entender (no buscan a la primera el botón fácil que les resuelva el dilema), que quieren reconstruir, investigar, jugar, no queda otra: hay que ilusionarse.

Es momento de creer que esos hilos que andan sueltos pueden zurcirse y lograr bosquejos concretos. Así, retomando propuestas de aquellos días de encuentro surgió un pequeño grupo de estudio. La opción elegida es una de entre muchas y una cosa llevará a la otra. Lo sabemos. En el fondo lo que importa es volver a encontrarnos con ese espíritu hacker que alguna vez tuvimos: el de la niñez y los ¿por qués? que nos llevan a encontrarnos para aprender juntas.

Sigue pasando el tiempo y de repente ideas que aparecieron en una plática informal hoy nos sorprenden ya realizadas y circulando. Mientras, se siguen cocinando otras: lo próximo por venir será la realización en continuado de un hackathón feminista. Más de 24 horas donde pasaremos la posta desde Asia hasta América para poner nuestra voz, intervenir los espacios de los que participamos y hacer (más y mejor) Red.

Pero además en ese persona-persona nos invitaron a sentarnos a la mesa de proyectos que ya estaban en marcha. Así, en mayo nos encontraremos con la segunda edición del TransHackFeminista. Y será en Puebla, México. En el sitio ya hay mucha documentación sobre lo que significa participar en un espacio que cuestiona todas las imposiciones existentes. Hay acuerdos previos y deseos por seguir construyendo. Pronto tendremos más información sobre días y programación pensada para este 2015.

Desde ya la propuesta es seguir haciendo cruces entre tecnología y movimientos sociales, tecnología y movimientos feministas. Creer y entender que no “nacemos” programadas para estar en un lugar u otro de la vida. Que eso depende de nosotras. De nuestros deseos y acciones. Creer y entendernos desde espacios múltiples.

Sea bienvenido hackear nuestros entornos. Y es fácil. Solo hay que curiosear, aprender y compartir para ensanchar esos espacios comunes en los que podamos habitar, comprometernos y disfrutar entre muchos y muchas.

@Sursiendo

 

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