Hedy Lamarr, #SpoilerAlert: el día del inventor debería ser día de la inventora

Retazos esporádicos

por @HabiaUnaJes para @sursiendo

Llevaba tiempo buscando el documental Bombshell: The Hedy Lamarr Story sobre la vida de Hedwig Eva Maria Kiesler [su verdadero nombre] hasta que hace un par de meses en uno de esos intercambios con amigas del tipo échale-un-ojo-a-esta-página-de-pelis apareció flamante en la portada del sitio.

La Historia está plagada de mujeres invisibilizadas que hicieron posible que grandes acontecimientos ocurrieran. Con la historia de las tecnologías esto se repite una y otra vez. Y la historia de Lamarr, precursora del wifi, el GPS y otras tecnologías inalámbricas, tiene además ciertas particularidades…

Nacida en 1914 en Viena se hizo famosa tras su llega a Estados Unidos donde fue conocida como una de las actrices más bella de la época dorada del cine de Hollywood. Esa es la historia que se cuenta de ella.

«Hedy era una de las caras más conocidas de su época, y, sin embargo, dijo que nunca fue vista por lo que era. Entonces, ¿quién era?
(…)
En una época diferente podría haber llegado a ser científica. Por lo menos, era una opción que fue entorpecida por su belleza».

Me fascinaba lo que conocía de su historia; tras saborear lentamente el documental me llené de preguntas, angustias, entusiasmos, contradicciones. Su vida personal, su carrera en la pantalla y su vida de inventora se entremezclaban constantemente. Aún cargando con estigmas sociales, recibió el apoyo de su familia para que buscara ser quien quisiera ser. Y al parecer eso hizo que fuera capaz de “crear su propia realidad”.

Así, en esta práctica de idas y vueltas entre reconocer[nos] desde nuestros privilegios Hedy tuvo dos grandes impulsos: una familia económicamente acomodada que le apoyó y guió en su camino a conocer “cómo funcionan las cosas”.

Con el ascenso de Hitler al poder su padre acabó falleciendo de un ataque al corazón…

Las experiencias traumáticas profundas nos cambian, y ella fue a parar al otro lado recordando lo que su padre le había advertido cuando niña: “Sé tu misma. Elige y toma lo que quieres”, lo que sin duda alguna fue la cualidad de Hedy durante toda su vida.

Ella se dedicó a inventar por sobre todas las cosas.

Durante la Segunda Guerra Mundial [y con la intención de apoyar a los norteamericanos] creó el sistema de salto de frecuencias para que los buques pudieran comunicarse con los misiles submarinos sin ser interceptados. Sin embargo fue acusada de robar esta tecnología a los alemanes: ¡cómo podría sino una mujer tener una idea tan brillante!

De hecho, ante esa idea brillante bajo el brazo la Armada norteamericana respondió:

Sabe, ayudaría mucho más a la guerra, señorita, si saliera y vendiera bonos de guerra en lugar de dar vueltas tratando de inventar nuevos tipos de torpedos. Deje eso a los expertos. Salga y recaude dinero.

A pesar de la humillación hizo lo que le pidieron y recaudó alrededor de lo que hoy serían unos 343 millones de dólares para la guerra. En respuesta a sus aportes “el gobierno de Estados Unidos confiscó la patente de Hedy en 1942 como la propiedad de un extranjero enemigo” mientras la productora Metro Golding Mayer, para la que había trabajado durante esos años, la trató de ‘zorra’ por no dejarse controlar y redujo sus apariciones en pantalla. Frente a todo aquello Lamarr solía decir:

Me utilizan para la venta de bonos, entonces yo no soy una extranjera. Y cuando invento algo para este país ¿Soy una extranjera?

1939: No se puede ser Hedy Lamarr y ser inteligente. No
2018: No se puede ser mujer [o de género no binario] y ser inteligente. No

Varias cosas han cambiado desde entonces pero no ‘gracias’ a un camino fácil y de reconocimientos que haya llegado de la mano de quienes aún hoy ostentan [¿ostentamos?] privilegios.

Lamarr no es considerada feminista… quizás porque no lo haya sido. O al menos no se autoproclamaba así [aún cuando con eso solo no alcance]. Sin embargo, esos privilegios contra los que luchó día a día para enfrentar un sistema público, privado e íntimo que nos dice que no podemos ser lo que realmente queremos ser, la convierte [al menos] en una persona para admirar.

En los años 90’s cuando finalmente llegó el reconocimiento a su inteligencia e inventiva ella había sido devorada por la fama y ya no quería ser vista en público: ese personaje que nunca quiso ser, la terminó alcanzando. Poco más tarde, en enero del año 2000 murió sola, humillada y en la pobreza, sintiendo que era lo que nunca fue.

Quizás por eso este documental era tan necesario. Quizás por eso aquí estamos nosotras ahora, para contar la ‘verdadera’ historia de otra de nosotras, para recordar a las mujeres como Hedy Lamarr como ellas quieren ser recordadas: “como alguien que contribuyó al bienestar de la humanidad”.

 

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